domingo, marzo 29, 2015

Instrucciones para atorrijarse






Desde que ví a Ibán Yarza con David de Jorge presentando los Semlor, me declaré fan total de estos maravillosos bollos. Y también del "atorrijamiento", como acción de atorrijar o como el estado de atorrijarse.
Ya hice los bollos, pero cuando fui a rellenarlos, me encontré escasa de avituallamiento y energía.
Tenía una cuenta pendiente con ellos. Hoy, domingo de Ramos, con una hora menos, e iniciando la Semana Santa, tenía la excusa perfecta.
Desde que me levanté los tenía en la cabeza. Hice un breve inventario de ingredientes, y tenía de todo, así que manos a la masa.
Lo primero que hice fue ambientar la cocina, y le di a la reproducción aleatoria de mi música.
Mezclé harina, huevos, leche, mantequilla, azúcar, levadura y cardamomo (mucho cardamomo) con la compañía de Fede. Empecé a mezclar y llegó ese momento incómodo en que tienes la mano totalmente pegajosa. Pero me puse a cantar:

yo que bajé, al infierno en bicicleta
yo, que bailé con el diablo un rock and roll...

... yo que inventé la palabra fortaleza..

Y me vine arriba con la masa. Y le di su amasado y su reposo. Y la masa empezó a desprender un olor maravilloso de harina y cardamomo.
Seguí amasando, con movimientos rítmicos y constantes. Y vino la canción del Flaco para darme la razón..

vine de lejos, tuve nostalgia
en mi equipaje no entraron lágrimas.
vine de lejos, bebiéndome el miedo
haciendo turismo por cuerpos amargos...

el tiempo en el que abrí, las puertas de lo que vendrá.

Llegados a este momento, se puede decir que había un gran ambiente en la cocina, además de un aroma espectacular, aunque era el momento del primer reposo.
Emma sintió total atracción por el olor y a lo bien que yo me lo estaba pasando, así que se me pegó como una lapa, a la voz de: Bailemos, mamá. Y la reproducción aleatoria del spotify le concedió el deseo.
Normalmente bailamos mucho con Jorge, y casi tenemos una coreografía para esta canción. No perdimos ni un segundo en lanzarnos por nuestra cueva a girar con la música.
Con el ritmo a tope, metí las almendras en la thermomix, y las trituré a máxima potencia. Le añadí la leche y el azúcar, y lo puse 3 minutos a velocidad 3, con temperatura 37º. Quedó una especie de mazapán de comérselo a cucharadas.
Pasó la primera fermentación, le dimos forma a los bollos, y volvimos a dejar en reposo.
Emma estaba muy metida en faena, y la música se nos estaba viniendo un poco abajo, así que hicimos trampa, y buscamos una canción que nos volviera a levantar los pies del suelo.
¿Qué pongo Emma?. Mamá mamá, pon la canción de Olivia. Olivia, mi sobrina, de 13 meses, es una completa fan de esta canción. La oye y por ella como si se para el mundo. Deja de hacer lo que quiera que esté haciendo y a bailar.
Y nosotros, hoy, hemos hecho lo mismo.

don't believe me, just watch

Y los bollos creciendo, y nosotras bailando.
Suena el reloj de la cocina, confirmando el instante de abrir el horno.
Solo 12 minutos de horneado. Y todo listo para rellenar.
Primero, vaciar los bollos, una niña al lado que se encarga de comerse todas las miguitas, incluso calientes. Segundo, una cucharada generosa de mazapán. Tercero, otra cucharada de nata. Y cuarto, tapar con su tapita.
Al final, azúcar glas por encima.

Y llega el momento del día. El momento del atorrijamiento. Se calienta un poco de leche en un pequeño bol. Y se mete el semla dentro. Esperamos unos minutos, que son ideales para escuchar esta canción y ponernos en situación. Darnos unos mimitos y decirnos que nos queremos. Yo a ella y ella a mí.

con la ilusión magullada,
que duro sería vivir
sin la emoción de tus alas..

El semla atorrijado. Nosotras en el cielo, cucharada a cucharada.

cerrar la luz y dormir
acurrucada contigo

Y como suelo decir, benditos fueron todos los muertos de mis armarios, si al final, lo que me esperaba, era esto.

jueves, marzo 26, 2015

De camino a casa con Ben


Me gusta mucho Ben Harper. Mucho. Tanto como para escuchar toda su discografía en bucle durante semanas.
Lleva casi 10 años acompañándome, y aunque la banda sonora de mi vida es muy variada y diversa, los  momentos clave tienen música de Ben.
Sus canciones tienen un algo, que no sé cómo describir, que me dan seguridad. En cierta manera, se han convertido en faro. Son ese abrazo que no tengo, que me dice en las situaciones delicadas, que no  me preocupe, que todo va a salir bien. Creo que quiero un poco a Ben por tener este poder sobre mí.
Hace una semana que he descubierto su último trabajo.
Y vaya, lo ha vuelto a hacer.
Este último disco, es un trabajo a medias con su madre. Con temas compuestos  e interpretados por los dos. Mi preferido es "A house is a home".
Estos días ando de trabajo interior, cuestionando los caminos que me han traído hasta aquí, y en cómo serán los próximos que transite. Y por encima de todos esos caminos, mi prioridad es Emma. En su vida, quiero tener la posición que Ben tiene en la mía. Quiero darle la seguridad y la fuerza necesaria, para que no se olvide nunca de que todo va a estar bien. Creo que de momento he conseguido lo que dice la canción, y ya es un paso hacia este objetivo.

a house is a home even when it's dark
even when the grass is overgrown in the yard
even when the dog is too old to bark
and when you're sitting at the table trying not to starve

a house is a home
even when we've up and gone
even when you're there alone
a house is a home

a house is a home even when there's ghosts
even when you gotta run from the ones who love you most
screen door's broken paint's peeling from the wood
locals whisper when they gonna leave the neighborhood

a house is a home where the chores are never done
where you spend your whole life running to and from
and if the life that you live is not the life you choose
make your child a home and start a new

Navegando un poco más por la red, me he encontrado este fantástico mini documental, de Ben con su madre, sobre éste disco. Me ha parecido precioso. Y me doy cuenta de que las cosas, todas, marcan. Es decir, Ben Harper es la cuarta generación que trabajó y pasó su infancia en una tienda de instrumentos. En su familia se vive la música desde la raíz. No parece nada extraño que hoy en día él haya llegado a ser quien es. Sin embargo, hay otra cosa que me llama la atención. Si su madre hubiera vivido la música de manera "obligatoria", no le hubiera puesto la pasión necesaria para transmitírsela a su hijo... Y puede que entonces, hoy yo, no estaría disfrutando de estas magníficas canciones. Me doy cuenta de que no es sólo lo que haces o lo que vives. Si no lo haces o lo vives con pasión, tu no disfrutarás de ello, y los demás tampoco. La pasión en lo que haces marca la diferencia.

Es curioso las cosas que se descubren con la música. Siempre me ha parecido que la música es el camino más corto a las sensaciones, a los sentimientos. Se sienten infinitas cosas con la música. Y no hace falta dedicarse a ella profesionalmente para poder disfrutarla. Y una vez más, Ben, es el faro que me guía en este camino de introspección en el que voy avanzando.

miércoles, marzo 25, 2015

Camilla para dos








Soy una completa fan de ir vestida igual que Emma, por eso, cuando veo patrones diseñados en tamaños mamá-hija, me entra un calor extraño en las manos que me obliga a ir a la velocidad de la luz a los cajones de las lanas a buscar material.
Este patrón es un auténtico acierto. Es sencillo, y está muy bien explicado.
El mío está hecho con tres ovillos de Cascade Yarn 220 Heathers. El de Emma con ovillo y medio de Cascade Yarn 220. Total, casi cinco ovillos menos en mi stash. Si hubiera tenido más lana, el mío lo hubiera tejido con las mangas más largas, pero si ya me conocen un poco, en esta afición mía de tejedora in extremis, usé todo lo que tenía. Malamente me sobraron treinta centímetros de lana.
Como digo, esta diseñadora me gusta mucho, y ya tengo en mente el siguiente patrón, doble por supuesto.
Y así, ataviadas con nuestros estupendos jerseys, Emma ha querido estrenar sus botas de agua. La lluvia del fin de semana ha sido chipi-chipi, y el pueblo está tan bien diseñado, que casi no se han formado charcos. Tendremos que meterlas en el coche, y salir un poco al campo a ponernos de barro hasta las cejas. Ella, yo me mantendré a una distancia prudencial, mientras le saco fotos, y me seco la baba viéndola tan contenta.
Algo que necesito con mucha urgencia, después de los dos días que han pasado. El domingo por la noche, como a las dos de la madrugada, con una leve tosecita, Emma me despertó para decirme que le dolía la barriga. Segundos más tarde, ví como salía la cena como un torrente, encima de mi pijama. Tardé algunos segundo en asumir lo que estaba pasando. Desde ese momento hasta las cuatro de la tarde del lunes, repetimos este episodio con intervalos de una hora.
El jueves pasado, Emma me comentó, a título anecdótico que una de sus compañeras de clase se había vomitado en clase. No le presté demasiada atención, la verdad. Claro que, al mandarle recado a la profesora de que no asistiría a clase el lunes, me comentó que ya era la cuarta que caía. Es la primera vez que sufre una gastroenteritis, y la pobre andaba alicaída y más mimosilla de lo normal. Ella ya se ha recuperado, aunque ahora la que está con la barriga como una lavadora soy yo. Daños colaterales.

domingo, marzo 22, 2015

Primavera y pan.. o lo de siempre, pasando por Frozen






Que dicen que ya llegó la primavera. Y por una vez, puede que sea verdad. Llueve, al poco rato sol, vuelve a nublarse, viento, otra vez sol.. Y así todo el día. Así que sí, primavera en estado puro.
Aunque Emma no está en absoluto de acuerdo en que haya cambiado la estación. En su corta vida, ya ha asociado, erróneamente, la primavera con sol, flores, y pajaritos cantando. Pero la realidad es que la primavera suele ser lluviosa, variable, y el infierno de los alérgicos como yo. Supongo que ella ayer esperaba un escenario totalmente distinto al que ha encontrado, que se parece misteriosamente al de antes de ayer, cuando seguía siendo invierno. Tardará unos cuantos años en aprender el sutil cambio de las estaciones.
Lo de la lluvia no me importaría tanto, si al menos dejara de hacer frío. Yo ya no sé qué hacer para paliarlo.  La única y más eficiente manera que tengo es encender el horno. RobinFood el viernes nos dio una estupenda excusa para hacerlo.
Amasé anoche, dejé toda la noche en la nevera, y esta mañana formé y horneé. A estas alturas del día, ya nos hemos comido uno entero.
La magia del pan. Lo habré dicho mil veces, así que esta será la mil y una, hacer pan, es la manera más sencilla de alcanzar satisfacción interior y de sentir la magia.
Y mientras el horno hace su trabajo, mis manos se dan al suyo. Hace ya algún tiempo, que cuando me entran ganas de coger el ganchillo, me pongo a hacer grannies con los restos de la lana de calcetines que tengo. Así mato dos pájaros de un tiro. Terminaré esta manta para el 2020 al ritmo que voy, pero tampoco es que me importe mucho. Más o menos la terminaré al mismo tiempo que termine de ver Amar en tiempos revueltos. Ya puedo afirmar que estoy enganchada a una telenovela.  Y todo iba bien estos días, hasta ayer, que estaba en el momento más interesante del culebrón y el iPad decidió que ya no reproduciría ni un solo capítulo más. No sé qué es lo que le pasó. En el ordenador puedo verlos sin problema, y en el teléfono también. Estuve trasteando un poco en los ajustes, pero nada, no hay manera. Y yo necesito mi dosis de melodrama! Menos mal que mi fiel teléfono no me deja en la estacada.
Cuando empezó el año, me propuse hacer un par de calcetines al mes, y un esquema (de los muchos que guardo) de punto de cruz. De momento voy cumpliendo con ambos propósitos, aunque este mes se me ha hecho un poco tarde para empezar el punto de cruz. Es sencillo, así que confío terminarlo en un rato. Emma y yo hemos estado negociando  durante más de media hora, la película que vamos a ver esta sobremesa. Ella dice que Frozen, yo digo que cualquiera menos esa. Así que nada, me voy camino del sillón entonando el love is an open door. Está visto que aún le quedan muchas cosas por aprender, pero negociar no es una de ellas.
Así que así va nuestro domingo, entre panes, hilos y grannies... y Frozen. En estos días en que se ha puesto tan de moda lo de las etiquetas, lo que viene siendo slow life, o simple life,.. happy life, simplemente.

domingo, marzo 15, 2015

De cuando se me olvida que solo tiene tres años y medio








Este fin de semana hemos hecho un montón de cosas divertidas, y necesarias ya, después de tantos meses "encuevadas".
Hemos hecho trabajo de jardinería y hemos descubierto la plaga de sarantontones que invade MiNorte. A Emma le ha hecho una ilusión tremenda ver un Gastón de verdad. Estuvimos plantando bulbos y también admirado cómo ha florecido la kalanchoe tubiflora. Que ahora que ha florecido he sabido como se llama, porque antes no tenía ni idea.
Hoy domingo, preparamos un Mug Cake. Tengo que decir que es una receta muy fácil y muy recomendable. Se hace en menos de dos minutos de cocción y en cinco de preparación. Emma ha estado presente en todo el proceso, y se le ha dado bastante bien. Han quedado unos bizcochos que han subido por encima de la taza como dos centímetros, aunque la masa antes de meterla al micro no llegaba ni a la mitad de la taza. Crece muchísimo. Y queda muy esponjoso y jugoso. Estoy convencida de que más de un domingo desayunaremos este estupendo bizcocho.
Hemos estado un rato en el parque, y yo he terminado las muñecas de unos nuevos Veyla's, en un rato en el que Emma estaba entretenida pintando.
Y claro, con un fin de semana así, en el que hemos hablado mucho, también hemos "negociado" mucho.. Emma me ha mostrado algunas de sus cuestiones vitales de su existencia: ¿por qué me tengo que lavar el pelo?, me gusta el agua de la playa pero el de la bañera no; no quiero ir en la silla grande del coche, porque ya soy mayor, y quiero ponerme el cinturón de los mayores, etc...
Yo, inconsciente de mi, me creo que realmente tengo una niña mayor. Que ya he dejado atrás todos esos pequeños síntomas de persona a medio hacer, y me confío.
Esta tarde, se ha puesto a ver un libro de cuentos de los míos. Los que normalmente no suele ver, porque "son de mayor". Yo he creído oportuno dárselo hoy, y dejarla sola para que lo saboreara ella sola, sin mi supervisión constante.
Ella se ha metido de lleno en el libro, pasando las páginas con sumo cuidado, observando cada ilustración del libro. Al rato, cuando ya era el momento de meterse en la bañera, me he acercado al sillón a decírselo y me ha dicho: mamá, no te huele a pis?.
He combustionado ipsofácticamente.
Tengo el sillón con empapadores, y con una especie de funda por encima. Se ha hecho pis, en el sitio exacto entre un empapador y otro. El sillón calado hasta la espuma.
Me he enfadado un montón. Y como siempre que me enfado. Me he cerrado en banda.
Cuando yo me enfado, no grito, ni voceo, ni lloro, ni refunfuño. Simplemente me aislo.
Cierro la boca, cierro el contacto.
He tardado 10 minutos en ponerla a ella en el baño, y en intentar arreglar el desaguisado del sillón.
En esos 10 minutos, Emma me iba hablando. Mamá, se me ha olvidado hacer pis, pero estoy contenta porque me has dejado tu libro. Mamá háblame que estoy en el baño.
Y me he quedado en blanco. Yo no quiero que ella maneje las frustraciones como yo, porque no me ayuda nada.. Me supone un esfuerzo titánico rehacerme después un episodio me encierre total, y a estas alturas ya, he aprendido que actuar así no me lleva a ningún sitio. Por lo menos a ningún sitio bueno.
Entonces he tomado consciencia de lo que estaba pasando realmente, y he tenido que parar, respirar, y cerrar los ojos. Me he obligado a pensar que un sillón con pis no es un cataclismo, y que el verdadero trabajo en ese momento era dentro de mí. Racionalizar mi reacción, y no hacerla extensiva a Emma.
He vuelto al baño, con cara de cordero degollado y he pedido perdón a Emma, que me ha mirado con cara de no entender nada. Ella, muy seria, me ha dicho que ya no se hará pis más, porque ya es mayor  porque yo le he dejado mi libro. No ha valorado en absoluto mi enfado, pareciera que ni le hubiera echado cuentas, sin embargo, no se olvida del voto de confianza que le di al darle el libro.
Una vez más, es ella la que me da la lección a mí.

viernes, marzo 13, 2015

Desahuciando a un muerto



El tres de enero de 2009 llegué, por mar a Gran Canaria. En lo que sería una nueva andadura en mi vida profesional.
Allí, en el Muelle de La Luz y de Las Palmas.
Allí en el Muelle, en mi zona de comfort.
Lo que vino después fue una sucesión de meses de caída libre sin control. Como si un campo electromagnético hubiera eliminado mi voluntad.
Pasé meses yéndome a las escaleras de Pozo Izquierdo, intentando encontrar las fuerzas necesarias para salir de aquel agujero negro que me atraía sin remedio, o para tirarme al agua ante la imposibilidad de no hacerlo.
Nunca encontré claras respuestas, más que la energía necesaria para seguir aguantando un poco más.
Y la capacidad inhumana para soportarlo. Para aceptar por verdad lo que solo era mentira, para mirar para otro lado cuando lo que tenía enfrente ponía en grave peligro mi cordura mental.
Y lo logré, seguí soportándolo, hasta que todo dejó de doler. Hasta que la rabia era sorda, y la fuerza no me daba para romper cristales que hicieran añicos aquellos momentos.
En ese tiempo hice un gran avance en el desarrollo de mi modo mejillón, y cuando tenía casi logrado el aislamiento, me llegaba un grito desde un abismo, por si quería otra caída.
Caí, no una, mil veces... En una espiral descendente de autodestrucción.
Pero entonces, vino la fuerza en forma de respuesta.
Y el trece de marzo de 2011, en el mismo muelle, fue la última caída.
La historia empezó y se cerró en el mismo sitio.
Y sin embargo, estoy tremendamente agradecida, porque probablemente haya sido el período más doloroso de mi vida, pero también el más importante en cuanto a aprendizaje. No sería quien soy hoy sin esos dos años terribles.
No me he dado cuenta hasta hoy, al escuchar al Flaco, cantando "y sin embargo tarde".
Ahora solo queda la tranquilidad de quien por fin, ha desahuciado a su último muerto.

lunes, marzo 09, 2015

Preparando la Pascua








Hemos tenido un fin de semana por encima de los 20º, por fin. La realidad es que estábamos casi más cerca de los 30º que de los 20º. Y yo feliz. Por fin pude sacar los pies de los calcetines, y también los brazos de las mangas largas.
La primavera se acerca rápidamente, y el pistoletazo de salida este año será la Pascua. Previendo este acontecimiento lo primero que he hecho es poner este corazón rosado detrás de la puerta, para recordarme que el tiempo sigue pasando y que aunque parezca que los días se alargan irremediablemente, la primavera está a la vuelta de la esquina, y con ella, la luz, las flores y las cosas bonitas.
No puedo evitarlo, las cosas bonitas e inútiles son una de mis mayores debilidades.
Para ir preparando la Semana Santa, me arremangado y me he puesto a amasar. Estos bollos de cuaresma (Semlor), son como para morirse. La receta real es el bollo relleno de una especie de mazapán y nata, que debe ser la antesala de la resurrección (muy apropiado para las fechas), pero he tenido un problema de logística en mi almacén y cuando me fui a poner a montar nata, horror, no había. Por un momento, albergué la posibilidad de meterme en el coche y buscar una tienda que pudiera suministrármela, después de intentarlo en la tienda más cerca de casa, y en la que solo había nata para cocinar.
Y llegó el momento de la crisis. ¿Cómo no iba a terminar de hacer la receta? . ¿Cómo?. Y me doy cuenta de lo muy anclada que estoy a determinadas cosas. En mi cabeza las cosas son en línea recta, y no hay espacio para grandes improvisaciones, ni grandes cambios que no haya tenido previstos anteriormente. ¡Y ya está bien!. Vuelvo a salir de mi zona de confort y de mi corsé.
No voy a negarlo, este tipo de situaciones, inicialmente me suponen mucho estrés, con sudores fríos y temblores. Entonces me siento, y respiro, y pongo la tetera. La verdad es que, no hay momento de estrés, que una buena taza de té no me alivie.
Caigo entonces en lo absurdo de la situación. ¿Y qué importa que no haya nata, es que el bollo no es comestible solo?. Me entra la risa, y de forma automática cojo el bollo y le hinco el diente. Madre mía, si así está tan bueno, cuando le ponga la nata, la crema de almendras y lo deje en un bol con leche caliente para que se atorrije (palabra que acabo de descubrir que no existe, y que es tan necesaria... ¿cómo es posible que exista la palabra absurda "amigovio" y no exista atorrijar??), debe de ser la bomba. Y lo sabremos próximamente, porque el próximo fin de semana me aprovisionaré de todo lo necesario.
Con un desayuno así, se hace necesario salir a la calle, coger aire, y aprovechar el sol y el calor.
Nunca voy a encontrar mejor sitio para hacerlo, que cerca de la mar. La playa, El Charco, una escollera o el propio muelle.
El Planeta ya está arranchado, y a estas horas, está surcando el Atlántico buscando la manera de llenar los tanques. Vuelvo  a mi faceta de armadora, que en principio me aterra, y que una vez que salto abordo me entusiasma. Yo empiezo a creer que por mi cuerpo corre buena parte de agua salada.
De vuelta a casa, no he podido evitar pasar por un jardín municipal, en el que he descubierto unas matas de lavanda. He recogido algunas flores, porque he pensado que si es municipal, ese jardín también es en parte mío, ¿no?. ¿No iba de eso, todo el rollo de que el pueblo es de todos?.